Herencia con testamento: todo lo que debes saber

Desde el momento en que fallece una persona y se conoce la existencia de un testamento válido, los llamados a ser herederos del difunto se ven envueltos en un proceso sucesorio que plantea innumerables dudas. Desde cómo saber si se es heredero o no, hasta cómo actuar ante la adjudicación de una parte de la herencia, las preguntas se multiplican.

En este artículo vamos a analizar todos los pasos del proceso a los que se puede enfrentar el potencial heredero de una persona que ha fallecido habiendo hecho testamento. 

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¿Cómo sé si el fallecido me ha dejado algo en testamento?

Este paso, que parece sencillo y obvio, en la práctica no lo es tanto. Se suele pensar que si una persona fallece y nos ha mencionado en su testamento, algún abogado o notario irá a buscarnos para comunicarnos la noticia, pero en realidad no es así: el notario no tiene obligación de ponerse en contacto con los herederos, ni se va a realizar un llamamiento oficial a todos los beneficiarios de la herencia para que acudan a un acto solemne en el que se leerá el testamento.

Lo cierto es que cuando una persona fallece dejando testamento, han de ser los propios interesados los que consulten el Registro General de Actos de Última Voluntad y soliciten un certificado de actos de última voluntad

Este es un trámite que se puede hacer por internet en la sede electrónica del Ministerio de Justicia, o presencialmente desde cualquier notaría, y tan solo es necesario aportar una copia del certificado de defunción del testador, en su caso, y pagar la tasa correspondiente.

  • En caso de personas que hayan fallecido en España, es imprescindible presentar el certificado de defunción original o fotocopia compulsada si la fecha del fallecimiento es anterior al 2 de abril de 2009 o la defunción está inscrita en un juzgado de paz, expedido por el registro civil de la localidad donde la persona haya fallecido, en el que deberá constar necesariamente el nombre de sus padres. En el resto de los casos, no es obligatoria su presentación, pero sí recomendable.
  • En el caso de personas que hayan fallecido en el extranjero, es imprescindible presentar certificado de defunción original, o fotocopia compulsada, debidamente legalizado y traducido.

La solicitud no podrá hacerse hasta que transcurran 15 días hábiles desde el fallecimiento.  

El certificado de actos de última voluntad contiene información sobre si el fallecido ha otorgado testamento y ante qué notario se hizo. Una vez obtenido, el interesado puede dirigirse al notario que intervino en el acto y solicitar una copia autorizada del testamento. 

En el mismo trámite en que se solicita el certificado de actos de última voluntad, se puede solicitar el certificado de contratos de seguros de cobertura por fallecimiento, para saber si el fallecido tenía algún seguro de vida contratado.

Es recomendable estar bien asesorado por un abogado experto para enfrentar todos los trámites relevantes que hay que realizar cuando fallece un familiar, de cara al proceso sucesorio.

¿Cómo sé si me corresponde algo en herencia?

Para entender si se tiene derecho o no a una herencia. conviene aclarar algunos conceptos. La ley diferencia dos formas de heredar:

  1. Por sucesión testamentaria, cuando el fallecido había hecho testamento. Aquí se tienen en cuenta los derechos de los herederos forzosos, ya que el testamento deberá respetar la porción legítima que les corresponda.
  2. Por sucesión intestada, cuando no existe un testamento o el que se ha hecho es inválido en su totalidad y no hay otro testamento anterior que sea válido. En este supuesto, pueden llegar a heredar los parientes de hasta el cuarto grado por línea colateral, siempre que no existan otros herederos con mejor derecho que ellos.

¿Quiénes son los herederos forzosos en la herencia con testamento?

Los herederos forzosos son los parientes o el cónyuge del testador o causante cuya porción de legítima se debe respetar al hacer testamento. Este tipo de herederos se tienen en cuenta, por tanto, en caso de que exista un testamento, y son los hijos o descendientes, los padres o ascendientes y el cónyuge viudo.

Más allá de estas personas, no hay nadie con derecho sobre la herencia, y el testador podrá disponer de los bienes libremente y beneficiar con ellos a quien desee, siempre que respete los derechos de sus herederos forzosos. 

Hay que tener en cuenta que los parientes más próximos excluyen a los más lejanos, así que, si el causante (el testador) dejó hijos, solo habrá que respetar su porción legítima, mientras que el resto de parientes no tiene derecho a nada.

El orden de prevalencia es: hijos, nietos y demás descendientes; padres, abuelos y demás ascendientes y por último el cónyuge viudo, cuyos derechos se solapan con los de los parientes mencionados.

Eso no significa que un hermano del testador no pueda heredar nada, solo que la ley no le obliga a dejarle nada en herencia, pero el testador es libre de testar a favor de sus hermanos o de quien desee, con la porción de libre disposición que le reserva la ley.

La legítima del cónyuge viudo consiste en un usufructo sobre una porción de la herencia.

¿Cuándo y cómo se realiza la lectura del testamento?

Al contrario de la creencia popular, la lectura del testamento no es un acto solemne al que se convoca a todos los herederos, sino que cualquiera de ellos puede leer el testamento desde el mismo momento en que se le haga entrega de la copia autorizada obtenida en la notaría en la que se otorgó.

Para ello, únicamente será necesario solicitarla tal y como se ha detallado en el apartado anterior.

Aun cuando el posible heredero tenga conocimiento de que figura en el testamento y del notario en cuyo poder está el testamento, deberá solicitar previamente el certificado de actos de última voluntad para poder realizar los demás trámites asociados al proceso de sucesión.

¿Cuándo se hace un inventario de los bienes de la herencia?

Antes de proceder a la partición y reparto de los bienes de la herencia, es preciso hacer inventario de los bienes, derechos y deudas de los que consta la masa hereditaria. También es conveniente que este paso se realice antes de que los herederos acepten o repudien la herencia, ya que es una información imprescindible para saber si conviene aceptar pura y simplemente o a beneficio de inventario, e incluso si conviene renunciar a la herencia.

Aceptar a beneficio de inventario tiene un coste extra asociado a la realización del inventario, pero es un mal menor si el heredero no conoce exactamente la composición de la herencia o el fallecido tenía negocios de los que podían haber derivado deudas importantes.

El inventario consiste en hacer una relación de todo el activo y el pasivo de la herencia (bienes, derechos y obligaciones) y registrarla documentalmente, detallando el valor de cada elemento. Esto sirve para tomar decisiones, como hemos visto, y para saber en qué consiste la herencia y a cuánto pueden ascender los impuestos.

Ejemplos de bienes y derechos de la herencia son los inmuebles, los planes de pensiones, vehículos, acciones y participaciones sociales en empresas, etc. Y ejemplos de deudas y obligaciones pueden ser las hipotecas, las deudas frente a distintos acreedores o los gastos del funeral.

¿Es obligatorio aceptar la herencia?

Aceptar una herencia es un acto voluntario, y la aceptación puede ser pura y simple o a beneficio de inventario.

Se acepta pura y simplemente cuando el heredero se hace responsable de las deudas de la herencia y responde de ellas incluso con su propio patrimonio. Por otro lado, existe la opción de aceptar a beneficio de inventario, de modo que las deudas de la herencia se paguen con los bienes y derechos de la misma herencia, dejando a salvo el patrimonio del heredero.

La desventaja de aceptar a beneficio de inventario es que el heredero no podrá elegir qué bienes conservar, ya que todos pueden usarse para hacer frente a las deudas. Además, es un trámite un tanto complejo.

Nadie puede ser obligado a aceptar o renunciar a una herencia, ni a tomar la decisión, hasta pasados 9 días desde la fecha del fallecimiento. Sin embargo, hasta que la totalidad de los herederos no se pronuncien, no será posible continuar con el proceso y repartir la herencia.

Por ello, pasado ese plazo de 9 días, cualquier heredero o interesado podrá instar del notario la interpelación hereditaria o interpelación notarial, que consiste en un acto por el cual se da un plazo de 30 días al heredero renuente para que tome una decisión, informándole de que, en caso contrario, se entenderá que acepta pura y simplemente, con todas las consecuencias.

Así, tanto si su intención es aceptar a beneficio de inventario como si desea renunciar, deberá hacerlo expresamente en el plazo concedido.

¿Hay diferencia entre ser heredero o ser legatario?

Es importante tener clara la diferencia entre ser nombrado heredero o legatario de la herencia. El heredero hereda a título universal, lo que significa que hereda deudas además de bienes y derechos. El legatario, por el contrario, solo hereda el bien concreto que le haya legado el testador, o un porcentaje de los bienes y derechos sin concretar, si es que se trata de un legatario de parte alícuota, pero no hereda deudas.

El legatario, por tanto, no tiene que elegir entre aceptar pura y simplemente o a beneficio de inventario, ya que no existe diferencia para él.

¿Se puede renunciar a la herencia?

Aceptar una herencia es un acto voluntario, y también lo es, por tanto, renunciar a la misma. A veces, los costes asociados a una herencia son mayores que los beneficios que acarrea, y los herederos pueden decidir renunciar a ella, o, en palabras del Código Civil, repudiar la herencia.

Para ello, habrá que manifestarlo expresamente ante cualquier notario, sin plazo establecido, presentando el certificado de defunción del testador y la copia autorizada del testamento. El notario redactará un documento en el que se declare la renuncia del heredero a la herencia que le corresponde.

Como consecuencia de la renuncia de la herencia por parte de un heredero, la porción de herencia que le habría correspondido se repartirá entre los demás herederos de igual grado de parentesco con el fallecido que él (es decir, si un hijo renuncia, su parte se distribuirá entre los demás hijos del testador).

Por otro lado, el testador puede haber previsto la designación de un sustituto para el heredero, de modo que si este renuncia, será el sustituto el que herede su parte.

La renuncia debe ser total, ya que no cabe renunciar a una parte de la herencia y aceptar otra, salvo en supuestos muy concretos. Y además, es un acto irrevocable.

¿Qué ocurre si no estoy de acuerdo con la herencia?

Puede que el heredero esté de acuerdo con el hecho de heredar, y, por tanto, acepte la herencia, pero no esté de acuerdo con la parte que le toca, o con la designación del resto de herederos o cualquier otro extremo. En ese caso, tiene la opción de impugnar el testamento

Cualquier persona que tenga un interés legítimo en la herencia puede impugnar un testamento: los herederos forzosos, herederos que fueron mencionados en un testamento anterior pero no en el último, legatarios y demás beneficiarios o personas que heredarían en caso de no existir testamento.

Los motivos para impugnar un testamento son variados: es posible que un heredero forzoso haya sido excluido del testamento por error, o haya sido desheredado por un motivo injusto; o puede que el testamento no respete la legítima que le corresponde, o que se considere que el testador no tenía la capacidad necesaria para otorgar testamento por tener mermadas sus facultades mentales. Es posible también que se haya producido un defecto de forma al hacer testamento.

Aunque la ley no menciona un plazo específico para poder impugnar el testamento, se aplica el plazo general de 5 años, que se contará desde la fecha del fallecimiento del testador o bien desde que el heredero o beneficiario recibió la copia autorizada del testamento. Si la causa de impugnación es una desheredación, se aplica un plazo de 4 años. Y si la nulidad afecta a todo el testamento, no existe plazo.

Si, como resultado de la impugnación del testamento, este se declara inválido en parte, se aplicarán las normas de la sucesión intestada para todo lo no previsto válidamente en él. Si se declara nulo en su totalidad, se aplicarán también las normas de la sucesión intestada salvo si existe un testamento anterior, en cuyo caso se restablecerá este.

¿Cuándo se pagan los impuestos de la herencia y cuáles son?

Aceptar una herencia lleva aparejado el pago de algunos impuestos, que varían según cuál sea el territorio donde tenía su último domicilio el fallecido o según sean los bienes que se reciben en herencia.

Los impuestos principales que afectan a la herencia son el impuesto de sucesiones y donaciones y el impuesto sobre el incremento de valor de los terrenos de naturaleza urbana, también conocido como “plusvalía municipal”.

En algunas comunidades autónomas, el impuesto de sucesiones prácticamente ha desaparecido, y en otras muchas se aplican importantes bonificaciones que dependen del grupo de población al que pertenezca el sujeto pasivo.

La plusvalía municipal grava la herencia siempre que afecte a inmuebles urbanos.

Los inmuebles también tributarán por IRPF en el momento en que el heredero los venda, pero no por la mera recepción de la herencia. 

Hay bienes y derechos exentos de ambos impuestos, como es el caso de los planes de pensiones, que solo tributarán como rendimientos del trabajo por IRPF cuando se produzca el rescate.

Las acciones y participaciones en sociedades, así como los fondos de inversión también tributarán por IRPF como ganancia patrimonial (o pérdida) cuando se enajenen, no antes.

Hay que puntualizar que el impuesto de sucesiones se debe pagar antes de poder recibir la herencia, aunque la ley permite que se pague con el propio dinero de la herencia, si es que lo hay entre los bienes y derechos. Así, por ejemplo, se puede sacar dinero de una cuenta bancaria del causante para pagar el impuesto, pero no vender un bien inmueble de la herencia con ese fin.

¿Cuándo y cómo se hace el reparto o partición de la herencia?

Cuando todos los herederos se han pronunciado sobre si aceptan o renuncian a la herencia, y se ha realizado el inventario de los bienes, derechos y deudas, en caso de haberse hecho con antelación, entonces llega el momento de hacer la partición de la herencia.

Para ello, es posible que el propio testador haya concretado los bienes que formarán parte de cada lote, en cuyo caso, el trabajo se simplifica y se evitan problemas. Pero también es posible que el testador solo haya definido los porcentajes de herencia que corresponden a cada heredero, dejando la concreción de los lotes en manos de los propios herederos o de un tercero.

La ley contempla la figura del contador partidor, que es la persona que realiza la partición hereditaria. Puede ser designado y nombrado por el mismo testador en el testamento, o puede tratarse de un contador partidor voluntario si los herederos lo designan, o dativo, si su nombramiento es judicial. El contador partidor establecido por el testador tiene primacía sobre cualquier otro. Esta labor no puede recaer en ninguno de los herederos.

El contador partidor se ocupará de realizar un inventario de los bienes, si no se ha hecho antes, y de organizar los lotes que correspondan a cada beneficiario.

Tanto si existe un contador partidor dativo o testamentario, como si son los propios herederos los que se ocupan de repartir la herencia, deberá hacerse un cuaderno particional

El cuaderno particional es el documento que refleja las operaciones de partición de una herencia, y en ocasiones incluye también la liquidación de la sociedad de gananciales.

Se trata de una tarea muy compleja para la que conviene contar con la ayuda de un abogado experto en herencias, ya que un reparto mal hecho o injusto puede dar lugar a una impugnación posterior por parte del perjudicado, lo que provocará bloqueos y retrasos no deseados.

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¿Qué ocurre si no hay acuerdo en la partición de la herencia?

Puede suceder que los herederos no se pongan de acuerdo en el reparto resultante de los bienes, en cuyo caso se podrá impugnar la partición de la herencia. 

Si se considera que la partición es injusta, se puede intentar, según sea el motivo:

  • La rescisión por lesión, en caso de que algún heredero haya visto lesionados sus derechos en más de una cuarta parte del valor de los bienes adjudicados.
  • La adición de la partición, para completar el lote del heredero perjudicado, cuando sea posible.
  • La nulidad de la partición, en caso de que la partición fuera realizada por el propio testador incumpliendo algún requisito legal, o bien a favor de una persona equivocada, o incluyendo bienes que no le pertenecían.
  • La anulabilidad de la partición, cuando exista algún vicio subsanable.

Según los casos, que se resuelven por vía judicial civil, se podrá decidir completar el lote del heredero agraviado, subsanar el error o considerar necesario hacer una nueva partición.

Si el testador no realizó la partición en el testamento, ni designó a ningún contador partidor para hacer el trabajo, y si los herederos no se ponen de acuerdo en los lotes, cabe la posibilidad de acudir a los tribunales para realizar una partición judicial, y será entonces cuando el juez designe a un contador partidor dativo.

El procedimiento para la designación del contador partidor dativo se iniciará si lo solicitan los herederos que representen al menos el 50% del haber hereditario. Se citará a los demás interesados y el juez podrá nombrar un contador partidor según las normas que regulan la designación de peritos.

La partición así realizada requerirá aprobación del letrado de la Administración de Justicia o del notario, salvo confirmación expresa de todos los herederos y legatarios.

¿Qué problemas pueden surgir después de la adjudicación de la herencia?

Lamentablemente, los posibles problemas derivados de la partición de una herencia son innumerables, y no es infrecuente que una familia se vea envuelta en conflictos a causa de un testamento. 

Una vez adjudicados los lotes, puede ocurrir que el testador no hubiera dividido los bienes y se los transmita a sus herederos en proindiviso, lo que es una nueva fuente de problemas.

Ninguno de los copropietarios está obligado a vender, pero tampoco se puede obligar a nadie a mantenerse en un proindiviso (salvo que se haya pactado por el tiempo legalmente permitido, que es un plazo de 10 años prorrogable), así que la ley contempla la acción de división de la cosa común, que podrá instarse ante los tribunales por cualquiera de los propietarios y en cualquier momento.

Las soluciones posibles son:

  • La adquisición por parte de uno de los copropietarios de la parte del que quiere vender.
  • La venta en subasta del bien y el reparto del dinero entre los copropietarios.

No obstante, la venta en subasta por vía judicial siempre será menos ventajosa para los propietarios, que tendrán que enajenar el bien por un precio menor al valor de mercado, además de quedarse sin él.

Aparte de acudir a los tribunales para la división del bien común (que suele ser una vivienda), cualquiera de los copropietarios puede vender su parte cuando lo desee, si bien, una vez encontrado un comprador, los demás copropietarios tendrán derecho a igualar el precio de la venta y a adquirir la vivienda con preferencia frente a un tercero.

Conclusión

El proceso de sucesión testamentaria es sumamente complejo, y es muy aconsejable contar con la ayuda de un abogado especializado en sucesiones desde el primer momento, ya que las decisiones que se tomen desde el principio pueden tener consecuencias irreparables para el heredero y sus propios descendientes.

Si no hay conflicto entre los herederos, cabe la posibilidad de actuar de común acuerdo con la asistencia de un mismo abogado que se ocupe de resolver todos los trámites. Sin embargo, si se prevén conflictos futuros, lo más conveniente es que cada heredero cuente con su propio asesoramiento legal de cara a ulteriores enfrentamientos.

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