La verdad detrás de estos 5 mitos sobre el testamento

Mitos sobre el testamento

Es fácil caer en el error de esperar hasta el último momento para dejar por escrito nuestras últimas voluntades. Pero lo cierto es que dejar testamento no solo es recomendable para ti, independientemente de tu edad, sino útil para tus herederos.  Vamos a desmontar algunos de los falsos mitos ya que es mucho más fácil, y barato, de lo que piensas.

1. El precio. ¿Es caro otorgar testamento?

El factor precio es uno de los primeros que nos invitan a pensar que otorgar testamento puede esperar. Pero, ¿es realmente caro hacer un testamento? Para tu sorpresa, el precio no es alto e incluso puede ser gratuito.

Según el Consejo General de Notariado, los aranceles notariales oscilan entre los 38 y los 50 euros. Si contiene mucha información o un patrimonio muy extenso puede subir algo más. En cualquier caso, el precio no sirve de excusa, y además se tiene la seguridad de que se va a cumplir el deseo del fallecido ya que su testamento quedará guardado en el Registro de Actos de Últimas Voluntades.

Pero aún hay otro factor más, en lo económico, a favor de hacer testamento. Porque hay varios tipos de estos documentos, y si bien es verdad que los que se hacen ante notario confieren más seguridad, existen otras opciones. Es el caso del testamento ológrafo, el redactado y firmado de puño y letra por el testador, de forma secreta, y sin que medie notario.

De esta forma una persona puede dejar por escrito quienes quiere que sean sus herederos, siempre respetando la regla de los tercios establecida por Ley (más información en ¿Quién puede ser tu heredero?), y conservar ese documento en su poder. La contra que tiene este tipo de texto es que es más fácil de impugnar en caso de que alguna parte implicada no esté de acuerdo, ya que al ser un testamento que no pasa por notaría existen más opciones de que sea falsificado. También puede ocurrir que el difunto tuviera uno de estos testamentos y, si no lo sabe nadie, nunca salga a la luz; por ello en caso de otorgar testamento ológrafo es recomendable informar de su existencia a alguna persona de confianza.

2. El tabú de la muerte

Sí, es cierto: no nos gusta hablar de la muerte. Generalmente es un tema tabú, y ninguna persona que goce de salud o juventud piensa en quien heredará sus bienes una vez muerto, más allá de reflexiones personales esporádicas o alguna conversación trascendente con personas de confianza.

Pero el hecho de no hablar sobre la muerte no significa que esta desaparezca. Por ello, cuando abordamos el tema del testamento, todas estas supersticiones deben quedar a un lado y tan solo centrarnos en lo útil que puede ser este documento para llevar paz a tus seres queridos, o para cumplir gracias a tu patrimonio algún objetivo que pudieras tener en vida -por ejemplo, hacer una gran donación a alguna causa de tu interés, o ayudar a una persona concreta fuera de la línea sucesoria establecida por Ley-.

3. El testamento, ¿para toda la vida?

Otro de los errores frecuentes cuando hablamos de hacer testamento es el relacionado con su duración. ¿Piensas que no se pueden cambiar tus últimas voluntades? Por supuesto que se puede, por lo que podrás adaptar tu testamento a lo que en cada momento de tu vida estimes oportuno.

Es importante dejar claro que el testamento otorgado puede ser revocado en cualquier momento, y que una persona puede hacer testamento las veces que quiera. El último sustituirá al anterior, que queda sin validez. De esta forma el testador puede sentirse libre de expresar sus intenciones tenga la edad que tenga, ya que cuando él lo decida, podrá rectificar.

Además, no hay que olvidar que prácticamente cualquier persona está capacitada para emitir su propio testamento. La Ley impone únicamente dos excepciones:

  • Menores de 14 años
  • Personas que no se hallen en su cabal juicio, de forma accidental o habitual (por ejemplo, el dictado durante una enajenación mental

Por lo tanto, ya sea a través de un notario, o mediante testamento ológrafo, vas a poder cambiar tus últimas voluntades siempre que lo estimes oportuno. Si optas por la opción gratuita y privada, no olvides apuntar siempre la fecha en el documento, y destruir los textos más antiguos para evitar posibles confusiones futuras.

4. Hacer un testamento es muy complejo

Este es otro de los grandes mitos que sobrevuelan sobre los testamentos. Pensamos que tenemos que hacer una lista con nuestros bienes, derechos y obligaciones, y que tenemos que asignar cada uno de nuestros objetos a cada persona concreta. Nada más lejos de la realidad.

En las últimas voluntades lo que se detallan son porcentajes. Por lo tanto, no tendrás que pensar en todo lo que tienes ni en quién quieres que lo reciba, sino solo cuánto porcentaje de tu patrimonio quieres dejar a cada persona u organización que consideres.

Hay una pequeña excepción en la que sí tendrías que hacer ese detalle. Dentro de un testamento puedes (es opcional y nunca obligatorio) dejar un legado para alguien en concreto. Se entiende mejor con un ejemplo:

Imagina que en tus cuentas bancarias acumulas 100.000 euros, y tus bienes inmuebles están tasadas en 200.000 más. Además, tienes objetos valiosos como joyas y vehículos, por otros 100.000 euros. En tu testamento solo tendrías que indicar qué porcentaje quieres que se lleve cada cual, pero puedes indicar que cierta joya (o todas ellas), vayan a un heredero concreto, con nombre y apellidos. Ese sería tu legado. Y tienes que tener en cuenta que cumpla con la regla de los tercios.

5. Solo para personas con mucho patrimonio

¿Has escuchado alguna vez que el testamento es algo reservado para los ‘ricos’ y ajeno a todos los demás? Falso. La cantidad de patrimonio no guarda relación con la necesidad ni la conveniencia de realizar esta declaración de últimas voluntades, ya que incluso para una pequeña cantidad de dinero el hecho de tener por escrito las intenciones y el reparto genera tranquilidad y ahuyentará problemas en el futuro.

Obviamente, es innegable que cuando hay grandes fortunas es más probable que existan disputas por ser heredero. Pero no es necesario llegar a ese punto. Casos prácticos sobran, y es probable que tú, que estás leyendo esto, conozcas de algún familiar o amistad a los que la herencia haya dividido. Y es que, aunque resulte paradójico, el ser heredero en ocasiones puede resultar contraproducente, y no en términos económicos, sino como consecuencia de las disputas familiares abiertas por conseguir una propiedad o algo de dinero.

Porque ya lo dice el refrán castellano: “el que deja herencia, deja pendencia”. Pero, con un testamento de por medio, las disputas serán menos para tranquilidad de los herederos.